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viernes, 6 de noviembre de 2026

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Quirónsalud Marbella alerta: el dolor bajo el segundo dedo del pie puede anunciar una deformidad

Los tacones, los deportes de impacto y rasgos del pie como un segundo metatarsiano más largo que el primero favorecen el síndrome de predislocación, que en sus primeras fases puede tratarse con cambios de calzado y plantillas.

Advierten de la importancia de diagnosticar precozcmente el síndrome de predislocación para evitar deformidades
Archivo - Natalia Rolando, podología Hospital Quirónsalud Marbella

Un dolor punzante en la planta del pie, bajo el segundo dedo y sobre todo al caminar, suele ser la primera señal del síndrome de predislocación, una lesión de la articulación de ese dedo que, si progresa, puede volverla inestable, desencajarla y deformar el dedo. Así lo ha explicado la podóloga del Hospital Quirónsalud Marbella Natalia Rolando en un comunicado del centro, que insiste en identificar la lesión en sus fases iniciales para tratarla antes de que aparezcan deformidades avanzadas.

El punto exacto importa. Según Rolando, el dolor se localiza bajo la cabeza del segundo metatarsiano, el extremo del hueso largo del pie del que sale ese dedo, y conviene distinguirlo de otras lesiones de la misma zona. «En la parte anterior del pie se pueden dar otras lesiones como el neuroma de Morton, pero este tiene una localización diferente y el dolor es más tipo calambre/nervioso», ha señalado.

Qué la favorece

El uso habitual de zapatos de tacón, los deportes de impacto repetitivo, como correr o saltar, y algunas características del pie pueden favorecer su aparición: tener el segundo metatarsiano más largo que el primero, juanetes, laxitud ligamentosa (ligamentos más flojos de lo normal) o un reparto alterado de las presiones en la planta. La artritis reumatoide también puede contribuir.

«Es importante tener en cuenta tanto los hábitos de cada persona, especialmente el tipo de calzado y la actividad física que realiza, como las características anatómicas y biomecánicas de su pie», ha subrayado la podóloga.

Cómo se diagnostica

La valoración podológica parte de la historia clínica y de una exploración que comprueba dónde duele, cómo está alineado el dedo y si la articulación es estable. Cuando hace falta, se completa con pruebas de imagen: la radiografía muestra la alineación de los huesos, y la ecografía y la resonancia magnética permiten evaluar la placa plantar, la estructura que sujeta la articulación por debajo.

Si la lesión no se detecta a tiempo, el deterioro de esa placa puede hacer que la articulación pierda estabilidad poco a poco, hasta que el dedo se desplace parcialmente (subluxación), se salga de su sitio (luxación) y se desvíe.

El tratamiento depende del grado

En las fases iniciales puede plantearse un tratamiento conservador: cambios en el calzado, descarga de la zona dolorosa, adaptación de la actividad física y, cuando esté indicado, plantillas personalizadas que redistribuyan las presiones de la planta. Si hay una inestabilidad importante, la deformidad avanza o estas medidas no funcionan, puede valorarse la cirugía.

«El objetivo principal es aliviar el dolor, reducir la sobrecarga mecánica y preservar la estabilidad de la articulación, evitando en la medida de lo posible la progresión de la deformidad», ha explicado Rolando.

Su recomendación es no normalizar las molestias persistentes ni atribuirlas sin más al calzado o a una sobrecarga puntual, y pedir una valoración cuando el dolor continúa o el dedo empieza a desviarse.

Esta información procede de agencia. La Voz de Málaga la clasifica y la edita para su publicación.

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