El Museo del Automóvil y la Moda de Málaga reúne creaciones de algunos de los grandes nombres internacionales de la alta costura y sigue contando su historia en cada pieza tras un trabajo de estudiado, preparado y cuidado.
Así, cuando un visitante contempla un vestido de alta costura en un museo, suele detenerse en el bordado, el volumen de la falda, la riqueza de los tejidos o la firma del diseñador. Lo que rara vez imagina es todo el trabajo que existe detrás para que esa pieza pueda seguir expuesta décadas después de haber sido creada, según han explicado desde el espacio.
En el Museo del Automóvil y la Moda de Málaga, la conservación de la colección de alta costura comienza mucho antes de que el público cruce la puerta. Cada vestido requiere un tratamiento específico, ya que no existen dos piezas iguales y los materiales reaccionan de forma diferente al paso del tiempo.
Sedas, terciopelos, encajes, plumas, lentejuelas o bordados metálicos presentan necesidades distintas en función de su composición, antigüedad y forma de confección.
Rocío Aguirre, responsable del departamento de Moda del Museo, ha señalado que “cada pieza cuenta con unas necesidades de conservación específicas. Incluso cuando se trata del mismo material, hay que tener en cuenta su antigüedad, la confección y cómo se combina con otros elementos. Por ejemplo, en el caso de las lentejuelas podemos encontrar materiales como gelatina, acetato o vinilo plástico, y también hay que valorar si están aplicadas sobre seda o poliéster a la hora de tratar la prenda”.
Por otro lado, han señalado que uno de los aspectos menos conocidos del trabajo que existe detrás de una pieza expuesta es la elección y preparación del maniquí. Su función no consiste únicamente en presentar el vestido al público, ya que también debe proporcionar el soporte adecuado para preservar su forma y evitar tensiones innecesarias sobre los tejidos.
El primer paso consiste en seleccionar un maniquí cuya talla sea lo más cercana posible a la de la prenda. Una tarea que puede resultar especialmente compleja si se tiene en cuenta la evolución de la silueta femenina a lo largo del siglo XX.
“Las proporciones del cuerpo han cambiado con las tendencias, los cánones estéticos y las formas de vestir de cada época. Por eso, un maniquí contemporáneo no siempre reproduce adecuadamente la silueta para la que fue concebido un vestido décadas atrás”, ha añadido la responsable del departamento de Moda.
Una vez seleccionado el soporte, el equipo de Moda puede recurrir a diferentes sistemas de adaptación, como rellenos, cancanes u otros elementos, que permiten reproducir la forma que debía tener la pieza al ser vestida y, al mismo tiempo, ofrecer el soporte necesario para preservar su estructura. “Lo que el visitante percibe como una cuestión puramente estética responde, por tanto, a una decisión de conservación”, ha agregado.
Así, ha añadido que “la conservación de alta costura no consiste únicamente en mantener las piezas limpias. Antes de cualquier intervención se realiza una revisión de costuras, bordados, forros, aplicaciones y elementos decorativos para detectar posibles alteraciones”.
Cada material y cada elemento de una prenda puede reaccionar de manera diferente al paso del tiempo, por lo que cualquier actuación debe realizarse teniendo en cuenta las características particulares de la pieza. En determinadas ocasiones, han precisado, la mejor decisión es precisamente no intervenir, sino garantizar unas condiciones adecuadas que permitan ralentizar el envejecimiento natural de los materiales.
También los movimientos de las piezas requieren planificación. Un cambio de exposición, un nuevo montaje o un eventual traslado implican valorar cómo manipular y transportar el vestido para minimizar cualquier riesgo para su integridad.
Por otro lado, ha incidido en que “conservar una colección histórica de alta costura significa, en buena medida, trabajar pensando en el futuro”.
“Cada decisión adoptada sobre una pieza busca garantizar que pueda continuar formando parte de la colección y ser contemplada por nuevas generaciones. El objetivo no es detener el paso del tiempo, algo imposible en materiales que envejecen de manera natural, sino ralentizar sus efectos y preservar, en la medida de lo posible, las características que hacen de cada vestido un testimonio de su época”, han detallado.
