La madre de la víctima de 17 años lo vio en un cercanías, le hizo una foto y se la envió a su hija, que confirmó que era el hombre que la había agredido. El primer intento de arresto fracasó, pero días después volvió a encontrárselo y entonces fue detenido.
El caso se remonta al 19 de agosto, cuando una adolescente denunció que un hombre de origen magrebí se sentó a su lado en el tren Málaga-Guadalhorce y, tras iniciar una conversación banal, aprovechó que la menor se quedó adormecida para abrazarla y realizarle tocamientos. Al despertar, la joven logró apartarse, pero el individuo la siguió, le entregó un papel con un número de teléfono y le insinuó que quería volver a verla.
La madre, al escuchar el relato, acudió con su hija a la Guardia Civil para presentar denuncia y, consciente de que el sospechoso tenía un rasgo muy característico —era albino—, se propuso localizarlo por su cuenta.
El 23 de agosto se cruzó con él por primera vez en un cercanías. Con disimulo, le hizo una foto y se la envió a su hija, que confirmó que era el mismo hombre que la había agredido. Avisó a la Guardia Civil, pero esa vez no pudo ser detenido porque se bajó antes de llegar al punto donde lo esperaban los agentes.
Lejos de rendirse, la mujer continuó buscándolo en cada trayecto. El 25 de agosto volvió a verlo en otro vagón y, esta vez sí, gracias a su aviso los agentes lograron arrestarlo dentro del tren. «Mi hija bromea con que soy su heroína», comenta.
El detenido, un magrebí albino al que acusan de abusar de la menor, quedó en libertad tras pasar a disposición judicial y sin orden de alejamiento. La madre denuncia la situación: «El juicio es en primavera y vivo con la angustia de que en cualquier momento mi hija pueda encontrárselo en el tren».
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